Intervención de Mons. Timothy Broglio
Nuncio apostólico para República Dominicana y Puerto Rico.

 

Estimados Señores y Señoras,

Una vez he tenido el privilegio de encontrarme de persona con Mons. Giussani - muy brevemente en la oficina del Cardenal Secretario de Estado. Fue evidentemente un encuentro muy limitado. Sin embargo, me parece de conocerlo a través del movimiento Comunión y Liberación - o mejor dicho a través de los miembros del movimiento en Asunción, Paraguay, en Roma y ahora en la República Dominicana y Puerto Rico. Justamente el Señor nos dice, "...reconocerán el árbol por sus frutos" (Mt. 7,19).

Así la invitación de participar en la presentación del Libro Los Orígenes de la Pretensión Cristiana encontró tierra fértil en un servidor, representante del Santo Padre. Con motivo de los veinte años de reconocimiento pontificio de la Fraternidad, el Papa quiso dar gracias a Dios por lo que Él ha s por lo que Él ha obrado a través de la iniciativa de Mons. Giussani.

Los Orígenes de la Pretensión Cristiana se nos presenta como el segundo de una Trilogía que pretende ser un Curso Básico de Cristianismo. Este segundo Volumen supone el primero que trata del factor religioso, el sentido religioso o la dimensión religiosa de la existencia.
Huelga decir que a través de sus páginas se percibe el fruto de muchos años de docencia sea en las Facultades de Teología, sea en planteles de Enseñanza Media. El recurso a la explicación filosófica y su expresión científica no falta en los puntos principales.

Pero lo más atrayente, yo diría lo más valioso de la obra, está en la reflexión personal que suponen los mil detalles que aparecen en la presentación de argumentos más o menos comunes a todos los autores que pretenden acercarnos a la solución de una pregunta que para cualquier persona es ineludible "¿quién es Cristo?" Cuando se barajan textos de la escritura que son de conocimiento de todos, llama la atención la percepción de detalles, pequeños, nimios, que se escapan a una lectura rápida y que por ello suponen una prolongada y pacífica contemplación. Al exponer cómo va surgiendo en los primeros testigos, y consolidándose, la percepción de que se encuentran ante una personalidad excepcional, Mons. Giussani distingue muy bien la diferencia entre los simples discípulos, los celosos maestros de la Ley que se sienten suplantados y los "sencillos y abiertos de espíritu" que conviven con el Maestro. La convivencia prolongada es base para ir
captando, completando e interpretando detalles y signos que delatan la personalidad del Maestro. La exposición de Mons. Giussani supone una convivencia con Cristo, eso que llamamos oración cristiana. No se trata de cosas aprendidas y expuestas en el aula; se trata de algo captado, aprendido personalmente. Para responder a la pregunta de "Quién es Cristo" hay que acercarse a El y convivir con El, verle y escucharle en las páginas de la Escritura en actitud orante.

Hoy en medio del materialismo, tecnicismo y eso que llaman cienticismo, hay exuberancia de manifestaciones del sentido religioso del ser humano. Aunque se pretenda matar el tiempo con muchas ocupaciones, y distraer el espíritu con el sinnúmero de ofertas consumistas que prometen satisfacer todas las ansias del hombre, el vacío del alma, y el ansia de algo que no da el mundo, brota por doquier. Y naturalmente en los jóvenes. Por todas partes aparecen nuevas versiones del fenómeno religioso; nuevos maestros, nuevos profetas, nuevas religiones o pseudoreligiones, etc...

Y como estamos en un mundo y cultura globalizante, que busca una humanidad donde todos puedan vivir en paz, respetando a todos y todo, corremos el peligro de sacrificar en aras de una tolerancia laudable y de un ecumenismo que hay que lograr, valores y verdades que no se pueden alterar.

En estos años recientes hemos visto cómo al acercarnos con alma abierta a otras personas que con sinceridad buscan a Dios en otras religiones, y valorar todo lo bueno que tienen, se ha caído en confusionismo, e incluso en herejía.

En el documento Dominus Jesus, de la Congregación para la Fe, del 6 de agosto de 2000, se constataban desviaciones en la doctrina de la Iglesia que atentaban a la fe. En aras de un entendimiento muy laudable con los fieles de otras religiones se desvirtuaba el papel úNICO que tiene Jesucristo como MEDIADOR UNIVERSAL. Se pretendía proponer el Cristianismo como uno de tantos caminos para llegar a Dios, para no herir susceptibilidades religiosas de los que practican otras religiones, en donde Cristo, aun aureolado con títulos excepcionales, no pasa de ser uno de tantos mediadores, se le desposeía de su puesto único que le corresponde como HIJO DE DIOS-HOMBRE. Y si a Cristo se le desposee de eso que tiene en prerrogativa, SU SER DIVINO, estaríamos en condiciones similares a todas las religiones, y no faltarían algunos, y con razón, que preferirían a un Gandhi o a un Luther King que al Maestro de Nazaret. Gandhi hizo una revolución pacífica que liberó a su pueblo del poder colonizador; Jesús no liberó a Israel del poder romano. Pero... por muy legítimas que sean esas liberaciones no llegan a la liberación radical q
ue exige la naturaleza humana. El ser humano exige paz total, el ser humano requiere felicidad total, el ser humano clama por libertad absoluta, el ser humano clama por inmortalidad, y esas cualidades son divinas y nadie las puede dar que no sea Dios. En Jesús de Nazaret, Dios se hizo hombre y el hombre se transformó en divino.

Esta es la "pretensión cristiana" que explica Luigi Giussani en el presente libro. Es un libro muy actual. En la línea de la doctrina de la Iglesia, y concretamente, en el documento antes citado, Dominus Jesus, Mons. Giussani aprecia todo lo bueno que pueda darse en otras religiones, abraza con sinceridad a los hermanos que viven dignamente según sus creencias, pero trata de completar esas creencias con el testimonio de la LIBERACIÓN que nos llegó en Cristo. En El se colman todas las ansias que de un modo u otro se manifiestan en el fenómeno religioso de todos los tiempos.

Como punto de arranque, en líneas con el pensamiento teológico moderno, y a la luz del Vaticano II, parte del Acontecimiento Cristo, verificable en el tiempo y que divide la historia humana en dos partes.

En primer lugar, el Cristianismo no es una ideología, no es una ética para regir los actos de los hombres. No se trata de unas enseñanzas maravillosas y muy conformes a la naturaleza humana. Eso puede darse, y se da, en el Cristianismo, pero no es el Cristianismo. No se trata de ningún gran maestro, ni de ningún gran Profeta que nos viene a hablar en nombre de Dios. Ha habido muchos profetas, han ocurrido muchos hechos prodigiosos. Mahoma habla de que es el último profeta, que con él se terminaron ya las revelaciones. Pero... eso es apropiarse más de lo debido. Todo profeta puede ser superado por un profeta nuevo. Para que un profeta no pueda ser superado, ese profeta tendría que ser la ENCARNACIÓN del mismo Dios. Y eso fue una realidad en el Señor Jesús. Y aquí está la PRETENSIÓN del Cristianismo.

En un momento de la historia, aconteció que la PALABRA DIVINA se hizo hombre, y en esa Palabra por ser divina, infinita, se nos ha dicho todo. No puede ser superada. Nos guste o no, nadie puede ser indiferente ni sustraerse a eso que el Cristianismo anuncia. En Cristo, Dios se hizo hombre, el hombre se transformó en Dios. El Cristianismo nace de un HECHO, no de una ideología.

El problema ahora está en captar que ese Jesús de Nazaret es realmente Dios. Y en el momento que se percibe ese hecho, la historia humana cambia de orientación, la vida de cada hombre queda sublimizada y con ello aparecen nuevos derechos y deberes, el hombre recibe unas dimensiones nuevas, infinitas; el ser humano es una persona, y lo es desde el momento de su concepción hasta su fin
natural (pp.99-102).

La Encarnación del Hijo de Dios es un hecho que ilumina todo, que todo lo transforma. Si el Eterno se hace tiempo, nuestro tiempo, nuestra vida de cada día se hace eterna. La Encarnación da un nuevo sentido al tiempo, al trabajo, a la vida de familia... Estos elementos son brevemente tratados en el presente libro, insinuados, pero que ya nos preparan para nuevas reflexiones futuras.

El grueso del libro está en la exposición de la constatación del HECHO acaecido hace 2000 años, el hecho de la Encarnación del Verbo (pp. 47-98).

Algunos quisieran poner límites a Dios, y forjarse un Dios a su medida. Pero esto va contra la racionalidad del ser humano. Los datos son los que da la realidad. Hay que abrirse a la realidad. Cerrarse a ella es autosuficiencia, soberbia. La historia está llena de "fariseos", "maestros de la ley", °levitas" y "sencillos de corazón". Nuestro autor describe diversas actitudes humanas recurriendo a lo profundo del ser humano, tal como lo ve la filosofía existencialista. Lo que queda claro es que la actitud que se tome ante la realidad es clave; los prejuicios, fanatismos... no sirven de nada, mejor dicho estorban.

Se han analizado durante siglos esos libros de un valor inigualable histórico que son los Evangelios. Después de tantos estudios, hoy como nunca, podemos disfrutar de lo que se nos ofrece en ellos. Naturalmente hay que saber leerlos, y para ello acudir con ojos limpios, abiertos a lo que ahí pueda aparecer, sin prejuicios. Mons. Giussani nos hace una presentación sencilla, pero profunda de lo que son y de lo que no son esos libros (pp.47-51). Nos va refiriendo las diversas actitudes y reacciones ante cada palabra o gesto de Jesús en los diversos tipos de personas que lo rodean. Pretende que captemos lo que los apóstoles iban comprendiendo de cada gesto y lo que comprendían a medias. Quiere que el lector, mejor dicho el contemplador, el orante que busca la verdad de Dios y del hombre, esté en una actitud de no perder ningún gesto, ningún detalle que poco a poco le vaya acercando a la comprensión última de la realidad expresada por el centurión romano "Realmente este era Hijo de Dios" (Mc 15,39). Eso es lo que Mons. Giussani, siguiendo a teólogos y escrituristas competentes, ve en la la primera frase del Evangelio de San Marcos que hace de prólogo y que nos orienta en la lectura del libro: "Comienzo del Evangelio de Jesucristo Hijo de Dios". Es como si dijera "yo les voy a dar la gran noticia de que Jesús es el Hijo de Dios. Lean y saquen la consecuencia".

Ya no me queda más que animarles a leer, meditar este libro con paz, con el corazón abierto a la luz del Señor y con ansia de penetrar
más en la figura de Cristo. Si la Iglesia tiene la pretensión de encontrar en El la razón de toda existencia humana y del universo entero, no nos queda más remedio que preguntarnos a nosotros mismos "¿Quién es Jesús para mí?". La respuesta me la enseñaron cuando me iniciaban en el catecismo; pero la respuesta infantil, que ya era obra de la gracia en cada uno de nosotros, ha de ser reemplazada por una respuesta madura, totalmente personal y que debe ir creciendo con el correr de la vida. Con la contemplación de los detalles que configuran la personalidad del Dios-Hombre, ha de crecer en nosotros una fe más viva, más existencial. Creer en Jesús como el Hijo de Dios, ha de llevarme a una mayor comprensión de mi persona como hijo de Dios, de los hombres como mis hermanos, y del mundo que me circunda como instrumento para realizar el plan de Dios sobre mí. El desafío más grande que se presenta al Cristiano de hoy es profundizar su fe.
Se pregunta porqué las sectas logran una entrada tan fácil y extensiva en las tierras tradicionalmente "católicas" del América Latina. Una respuesta parcial se encuentra en la superficialidad de la preparación en la fe. ¡Hay que madurar y profundizar el encuentro inicial con el Señor Jesús! Personalmente me parece que eso sea un servicio que nos lleven los movimientos nuevos en la Iglesia. El Santo Padre lo expresó así en su Carta a Mons. Giussani: "La fuerza del Espíritu de Cristo no deja nunca de superar, casi de romper, los esquemas y las formas sedimentadas en ella durante su vida anterior, para urgir que nazcan nuevas formas de expresión. Dicha urgencia es señal de la vivaz misión de la Iglesia, en la cual aparece el rostro de Cristo con los rasgos propios de los rostros de los hombres de todos los tiempos y lugares de la historia" (11.11.2002).

Que el presente libro nos ilumine un poco más