Intervención del Lic. Pablo García Arévalo
Presidente de la Asociación La Aventura Humana

 

1. El valor de la experiencia.
El gran escritor C.S. Lewis había dicho “No hay aprendizaje que supere a la experiencia”. Y al relatar los acontecimientos que tuvo que vivir tras la muerte de su esposa, afirmaba que comenzó a tener una sensación odiosa cuando se vio a sí mismo diciendo frases como éstas: “a ella le hubiera gustado de esta forma”, “seguramente que ella lo hubiera hecho de este modo”. Justo en ese momento reconoció que él no estaba enamorado de las ideas que tenía sobre su esposa, sino que estaba enamorado de ella.
Parece que esta dinámica descrita por Lewis hoy no goza de gran popularidad. Nos negamos a vivir lo real y preferimos encerrarnos en nuestras propias idealizaciones. Tan sólo por citar dos ejemplos haré referencia a la experiencia del estudio y a la del trabajo.
Es curioso mirar cómo los estudiantes ingresan en la universidad llenos de ilusiones, entusiasmo y empuje, tienen ganas de vivir la universidad, sin embargo al irse topando con las dificultades del camino su energía inicial se convierte en un deseo desesperado por graduarse.
El mismo fenómeno se repite ampliamente en la experiencia laboral: cuando no tenemos empleo, nos sentimos incómodos e inquietos buscamos uno, pero cuando lo tenemos, esperamos ansiosamente que llegue el fin de semana o las vacaciones para no trabajar más.
Este fugarnos de la realidad pone en evidencia el hecho de que frente al estudio o al trabajo, o frente a la vida en general, no tenemos una hipótesis explicativa total, es decir, nos hacen falta los motivos, las razones que nos hagan capaces de enfrentar la realidad tal como ella es, de aceptarla sin quitarle ni añadirle nada. Por el contrario, somos expertos en dar explicaciones, es más, tenemos al alcance de la mano teorías que justifiquen nuestras fugas.
Al final, quedamos justificados frente a los demás, pero viviendo la vida sin gusto. Albert Camus lo había dicho estupendamente en su obra teatral “Calígula”: “los hombres mueren y no son felices”.
No son los problemas los que le quitan el gusto a la vida, sino la falta de razones para enfrentarlos. Siendo que la vida humana no es perfecta, ni funciona como un mecanismo automático y sin errores, el sacrificio y la contradicción son parte normal de la vida. Y frente a esta situación podemos asumir tres posturas: pensar que no hay otro modo posible de vivir y entonces pasar la vida soportándola y cargando con el gran peso que eso significa; también podemos vivir anestesiándonos con mil pensamientos y actividades que no obstante su apariencia sirven para distraernos, o bien podemos ponernos de frente a nuestra condición y buscar su sentido, tratando de encontrarle su por qué y de amarlo.
Sólo vivir lo real nos puede hacer encontrar y poseer el significado de la vida. Y cuando esto ocurre, entonces lo tenemos todo, no tenemos que renegar de nada. Y la vida se vuelve más intensa, interesante y atractiva para vivir. La vida se vuelve nuestra.

2. Por qué ser cristiano 2000 años después
La realidad es una provocación constante y frente a ella no podemos quedarnos sin una explicación. Ésta podemos sacarla de la experiencia o bien de nuestras idealizaciones, que normalmente reducimos a normas personalistas, porque ahí estamos a salvo de los demás. Esto se nos puso claramente de manifiesto cuando estábamos realizando la promoción de este encuentro. En un programa de televisión nos lanzaron la siguiente pregunta: ¿cómo se debe vivir el cristianismo, en una religión o dentro de una relación personal con Dios?
Les cuento otro ejemplo: una de mis hermanas daba clases en un instituto parroquial de catequesis al que asistían muchísimas personas. Cuando ella llegaba cada jueves a su aula encontraba escrita en el pizarrón la siguiente frase: “Cristo es la respuesta”. Así sucedió cada jueves durante casi un año, hasta que un día apareció debajo de esa frase, ésta otra: “¿y cuál es la pregunta?”. ¿Saben qué sucedió? Nunca más volvió a aparecer la frase: “Cristo es la respuesta”. Y es que no hay nada más absurdo que una respuesta que se da ante ninguna pregunta.
Dostoievski dijo una vez: si de este lado tuviera a Cristo, y de este otro tuviera a la verdad, yo preferiría a Cristo. Ahora bien, nosotros no seguimos a Cristo porque nos parece bello, lo seguimos porque la verdad y Él coinciden. No se trata solamente de afirmar o declarar a Cristo hablando de él, el meollo de la cuestión está en vivir una relación real con él, objetivamente experimentable, capaz de introducir un gusto por la vida sin que tengamos que renegar de nada.
Que Cristo se haya proclamado “el Camino, la Verdad y la Vida”, no puede dejar a nadie indiferente. Esta es la gran pretensión de Cristo y que está puesta para ser verificada, está puesta como una hipótesis que debe ser adecuadamente enfrentada y confrontada continuamente con nuestra propia experiencia.
Así comprendemos mejor cuando Giussani afirma que lograr esta experiencia físicamente experimentable de Cristo, que es el sentido y el centro del cosmos y de la historia es la tarea más decisiva de todas.
No hay nada más tremendo que aquello que decía Nietzche: “es cierto que hay una meta, pero no hay un camino para llegar a ella”. Nosotros afirmamos, por que lo hemos experimentado, que efectivamente hay una meta y también que existe el camino que conduce a ella. Este camino es Cristo, experimentable dentro de la comunidad de aquellos que le siguen y que se llama Iglesia.
Muchas gracias.